Por
primera vez desde que entre en el despacho vi encima de la mesa del escritorio
había un marco de foto, representaba a una familia, el hombre que salía con su
mujer y su hija no se parecía en nada al que tenía delante,
Alessandro
se movió;
-póngale
un torniquete en la pierna, hágalo con su cinturón y aplique fuerza sobre el
hombro,
si no quiere que se desangre.
Le
mire desconcertada;
-no
señorita Mancone, no voy a matarles, como he dicho antes, la organización para
la
que
trabajo, es seria y no le gusta la mala publicidad, … no volverá a saber de
nosotros, si usted se mantiene al margen…
ya he avisado a la policía, confiamos en su buen juicio y su silencio, a
la hora de explicar lo ocurrido, confiamos en su inventiva.
Asentí
con la cabeza;
-no
se preocupe, para mi este asunto está zanjado, no sé quién es usted no lo he
visto en
mi
vida, es más lo que ha pasado aquí lo ha hecho un hombre encapuchado, no pude
verle
la cara… todo sucedió tan rápido.- casi no había terminado de pronunciar las
palabras
, el hombre ya había salido por la puerta. Hice lo que me dijo, puse el
torniquete
y con un cojín aplique presión sobre la herida del hombro en dos minutos
tenía
a la ambulancia y la policía en el despacho.
Alessandro
lo llevaron al hospital y a mí a prestar declaración a comisaria, simple
papeleo, explicar lo sucedido a la policía, no fue difícil, no hubo problemas
por esa parte, mi tío Lucio tenía antecedentes de sobra, para no poner en tela
de juicio la declaración que hice “sin duda venganza”.- dijo el teniente,
cuando
comente lo del encapuchado… quería matar a Lucio antes de eliminar a los
testigos,
algo le asusto y dejo el trabajo a medio hacer.
-¿Qué
hacían ustedes tres en el despacho?
-esperando
al notario, teníamos que firmar los papeles de la herencia de mi abuelo.
-el
asesino debió se entrar antes amordazar al notario...- dijo el teniente,
llegando el a las conclusiones.- eso es todo de momento Sta. Mancone.
Antes
de que llegara la policía al despacho había cogido toda mi documentación del
sobre naranja, si me detenían, no quería estar indocumentada, aunque fuera con
el nombre de Daniela Mancone y había recogido los papeles de la renuncia para
luego destruirlos, solo quedaban los documentos de la herencia original.
La
policía me acompaño al hospital, Alessandro estaba ingresado y yo me tenía que
hacer con urgencia una placa de las costillas, el dolor apenas me dejaba
respirar.
Del
falso notario no tuve noticias, cuando fueron pasando los días tenía muchas
preguntas
que me hubiera gustado hacer a ese extraño hombre ¿Cómo supo que
íbamos
a ir al despacho ese día? ¿El teléfono que llamo Alessandro para concertar la
cita estaba pinchado? ¿Supieron desde el principio que Lucio me tenía
secuestrada? Más
tarde
me entere del que verdadero notario, era la visita que nunca salió, estuvo todo
el
rato
en el despacho, inconsciente, en el armario amordazado.
A
Alessandro le operaron del hombro, no fue grave, de la pierna fue una herida
limpia,
un
par de días en el hospital, pierna con puntos y brazo inmovilizado contra el
pecho en
otras
dos semanas empezaría la rehabilitación. Yo por mi parte me pusieron un vendaje
más severo tenía una fractura y reposo total.
Cuando más o
menos todo volvió a la normalidad, llame a Carlo, había firmado un
contrato y no me
había incorporado en la fecha, tendría que explicarle lo sucedido, y
aunque de
momento no me podía plantear trabajar, Alessandro no tenía a nadie que
cuidara de él y
necesitaba ponerme al día de todo lo que nos iba a tocar hacer a partir de
ahora.
Fue
toda una Aventura explicar todo a Carlo,
que lo único que sabía, es que había desaparecido, que no contestaba a sus
llamadas y que no me presente en mi puesto de trabajo, le conté con calma todo
lo sucedido, secuestro, verme envuelta en un asesinato. No daba crédito a lo
que oía, eran cosas un poco escabrosas, para contarlas por teléfono, más si vas
a ser empleada de su empresa y personalmente no te conoce de nada. Quede en
llamarlo y hablarlo en persona.
Vivíamos
en Milán en la casa de la familia, en la misma Piazza del Duomo, en frente de
la
catedral, en dos días volví a llamar a Carlo
nos veríamos, al día siguiente para ver
que decidíamos que hacer.
Entre
el hospital, los papeles del testamento, no paramos un minuto, di de baja el
alquiler
en el corso Vercelli, según me comento días después, cuando hable con Basile
por
teléfono, la alquilo sin problemas en una semana, me alegre por él, no me
hubiera
gustado
dejarle colgado.
Deje
a Alessandro desayunado, se manejaba relativamente bien y me dispuse para ir al
despacho
de Carlo. Cuando entre estaba sentado detrás de su mesa de despacho,
garateaba
en unos folios y tecleaba con rapidez el ordenador, al verme entrar me saludo
amable;
-por
favor siéntate, tardo un minuto, están esperando esto y lo tengo que enviar por
mail.- dijo casi sin mirarme, espere un par de minutos.- ya.-estaba nervioso,
no sabía muy bien si era por mí y la situación o por que estuviera agobiado con
el trabajo.
-no
te preocupes, yo espero.-dije con voz tranquila.
-no,
no, esta, perdóname.- se levantó y rodeo la mesa para saludarme con un par de
besos.-¿Cómo estás? Siéntate por favor ¿quieres algo?- me dijo mientras se
apoyaba en la mesa, estableciendo más cercanía entre nosotros.- ¿un café, agua?
-no
gracias, casi acabo de desayunar.- tenía ganas de abordar el tema, la
impaciencia y
los
nervios me comían.-no sé cómo empezar, creo que lo primero debería de ser lo
siento,
no soy una persona que incumple sus contratos.- dice incomoda.
-¿bromeas?-dijo
mientras se sentaba en un sillón al lado del mío.-después de lo que has
pasado,
se con seguridad, que te han obligado fuerzas mayores, te mentiría si te dijera
que
no lo hemos sentido, pero cuando te raptan y pasas por las situaciones que has
pasado,
son fuerzas mayores, situaciones traumáticas.
-gracias.-
no sabía que más decir, el revivir la situación, cuando me la recordó el me
hizo
un nudo en la garganta.
-lo
importante es que estas bien ¿Qué tienes pensado hacer a partir de ahora?
-me
comentaste que cogisteis a alguien para cubrir el puesto ¿verdad?
-si
no pudimos esperar más, al no dar contigo, yo no pude asimilar más trabajo y
cogimos
a la segunda en la lista.- mientras me hablaba intentaba estudiar mi expresión,
intentaba
averiguar cuáles eran mis intenciones.
-si
te soy sincera, yo ahora no podría trabajar, necesito saber las necesidades que
abarcan
las propiedades de mi abuelo, hay plantaciones que ni se cómo se administran.-
tome
un poco de aire.- Alessandro, también me necesita aunque mejora con rapidez.-
me
miraba directamente a los ojos.
-entiendo
lo que me dices, lo que yo necesito saber es que quieres hacer después de todo
eso.-
dijo sonriendo.
Esto
sí que era una sorpresa, me querían en la empresa y estaban dispuestos a
esperar,
no
pude por menos de sonreír yo también, no pensé que me esperaran, no soy de las
que
se
quedan en casa y si, el escaparatismo es mi profesión, es mi hobby.
-¿todavía
me podría incorporar? Podríamos estar hablando de casi un año.- dice con
prudencia,
no quería mentirle, y no pretendía quedarme corta en el tiempo que podría
necesitar.
-¿podrías
acompañarme a la tienda del Duomo?-asentí con la cabeza.-te voy a tentar
enseñándote
los preparativos de la nueva campaña, a ver si consigo que te entren ganas
de volver
más pronto ¿nos vamos?
-Carlo,
no quiero comprometerme a una fecha que no pueda cumplir.- dije
levantándome.
-no
pienses que me voy a olvidar de ti durante todo ese tiempo, te mantendré al día
de lo
que
hacemos y cuando puedas, te incorporas.
-de
acuerdo, tu ganas.- salimos de su despacho camino a la tienda.
Consiguió
ponerme los dientes largos, sabía que no me dejaría que lo olvidase.
Valeria estaba confundida con “mi nueva situación”, me
ayudo a trasladar mis cosas a
un punto de alquiler, hasta ver donde me instalaba
definitivamente. Quedamos a tomar
un café para despedirme por un corto periodo de tiempo,
Alessandro quería enseñarme
alguna de las propiedades del Abuelo, especialmente la
casa de Roma y la villa de la
Toscana, donde nos instalaríamos durante más tiempo, para
terminar su recuperación
y organizar la
Villa.
Quedamos
en la terraza donde estuvimos la primera vez que vine a Milán, llegue antes
que
ella y pedí un té helado, el camarero me tomaba nota cuando llego:
-dos,
por favor, gracias.-dijo estresada.
-¡hola!
¿Cómo estás?- dije levantándome y dándole un abrazo, notándola un poco
rígida.-
¿estás bien? ¿Ocurre algo?-dije observándola mientras nos sentábamos.
-no,
no ocurre nada.- soltó mientras daba vueltas al azucarillo del té.
-suéltalo,
te conozco.-dije sujetándole la mano, me estaba poniendo nerviosa.
-me
sabe mal decírtelo, debería estar muy contenta por ti, no sé si es por haber
estado
desaparecida,
ponerme en lo peor… ver que estas bien, ahora irte con Alessandro, me
da
miedo que te ocurra algo, quiero saber lo que haces y donde estas en cada
momento…
-tranquila,
sé que puedo confiar en Alessandro, se jugó la vida por mí.-la obligue a que
me
mirara a los ojos.- ¿solo es eso?
-creo
que me había hecho a la idea de que iba a tenerte aquí conmigo y ahora estoy un
poco
descolocada.- me dio un fuerte abrazo.- pero en serio necesitas que alguien
sepa de
ti y
de todos los temas que vas a manejar ahora, espero que confíes en mí.
-lo
hare.- entendía su preocupación, pero me parecía excesiva la información que
Valeria me pedía, yo confiaba en Aless, y mi amiga debería de hacerlo también.-
de todas formas.- quise cambiar de tema.- hable con Carlo, estarían dispuestos a
esperarme, así que quizá… antes de lo
que esperas vuelvo a Milán.- dije guiñándole un ojo.- y para tu información
mañana marchamos a Roma, no sé cuántos días estaremos allí, pero te llamo y tú
puedes llamarme cuando quieras.
Seguimos
hablando durante un rato, de temas sin importancia;
-me
ha encantado tomar un café contigo.- dijo más contenta y tranquila.
-y a
mi.- dije dándole un abrazo.- hablamos y nos vemos pronto, da un beso a Fabio.
-y
tu Alessandro.- añadió mientras se alejaba diciéndome adiós con el brazo.
Al
día siguiente viajamos al final a Florencia, Alessandro me fue informando una a
una de las propiedades que teníamos, cuentas abiertas, personal a nuestro cargo
en cada una de las propiedades… una especie de inventario, casas en Milán, Roma
e Ibiza de momento habíamos decidido pasar unos días en la Villa de la Toscana,
una villa solariega, a hora y media de Florencia, con olivos y girasoles, de
estos productos abastecíamos a pequeños comerciantes y por nuestra parte fabricábamos
nuestra propia aceite
La casa
era de planta baja en tonos terracota, la típica casa de campo florentina, en
la trasera se extienden unos jardines inmensos, llenos de árboles de gruesos
troncos y copas frondosas, que daban frescas sombras.
Llevábamos
un par de días en la villa, me sentía como en casa, me resultaba raro ver lo
bien
que me había adaptado a la nueva vida, a todo el patrimonio, la fortuna que
poseía
mi
familia, lamente que mis padres no pudieran disfrutarlo con nosotros.
Seguramente
nos
verían desde el cielo sonriendo. Alessandro estaba en el gimnasio con su
fisioterapeuta,
haciendo los ejercicios de recuperación del hombro, yo me estaba dando
un
baño en la piscina de agua cristalina, rodeada de campo, era un relax, no podía
pedir
más, salí y me seque con la toalla,
cuando vi que Alessandro me llamaba para
desayunar;
-es
una pena que todavía no puedas meterte en el agua.- dije dándole un cariñoso
beso
en
los labios.
-sí,
me da una envidia terrible verte, pero si sigo así, no creo me lleve mucho más
tiempo
la recuperación… la piscina es el mejor deporte para rehabilitarme, falta que
se
curta
un poco la cicatriz, según Nino, todavía esta reciente.
Le
observe, llevaba unos pantalones de deporte largos y una camisetas de tirantes,
el hacer ejercicio le estaba sentando estupendamente.
-¿ya
has desayunado?
-si,
en la cocina con Carola
-¿Carola?
-sí,
tu cocinera, prueba el café, yo le doy un doce.- se dio cuenta de cómo le
miraba.-si
sigues
mirándome así, pueda o no me tendré que meter en la piscina.
-¿por?
¿Tienes calor?- dije acercándome a él acariciándole el pecho, agarro mi cara
con sus manos y me acerco a su boca, jugo conmigo, hasta que al final de
juntaron con brusquedad, nos pegamos el cuerpo, no sé hasta dónde hubiéramos
llegado, si no hubiéramos oído un leve carraspeo. Al separarnos vimos a Carola
con una bandeja de tostadas y bollos para mi desayuno.
Sonreí
humedeciendo instintivamente los labios y me gire en busca de mi albornoz y mi
desayuno.
Encima de la mesa había, una taza de café humeante, una tostada con
mantequilla
y mermelada de frutos rojos, sin duda le habría preguntado a Alessandro
cual
me gustaba más, varios paninos con queso fresco, jamón y tomate en rodajas. La
verdad,
daba hambre solo mirarlo.
Mire
Alessandro una vez sentada en la mesa, él estaba en una tumbona en la otra
esquina leyendo la prensa, me observaba con su mejor sonrisa y con una mirada
que me decía que me había salvado la campana.
Justo
al lado de café había una pequeña bandeja con el correo. Fui abriendo las
cartas
según
tomaba el café y daba buena cuenta de los panecillos, abrí una con alegría
especial,
porque reconocí la letra, leí con calma
cada palabra;
-Juan,
viene a vernos la semana que viene, amor.- dije a Alessandro, con una sonrisa
de
oreja a oreja.
-estupendo,
tengo ganas de conocerlo.-dijo Aless con sinceridad.
El
pobre lo había pasado muy mal cuando mi secuestro, según me conto Valeria
quería avisar de mi desaparición a la policía Italia, casi viaja a Milán, yo
creo que venía por que no se fiaba de Alessandro, quería verlo en persona,
fuera por la razón que fuese me iba alegrar mucho de verlo.
Abrí
otra, era de papel verjurado, con una caligrafía esmerada, dentro estaba la
invitación
de boda de Valeria, primeros de noviembre, en la vuelta de la invitación una
pequeña
reseña de su puño y letra;
“Querida
amiga, me hubiera encantado entregártela en persona, pero te has vuelto tan
trotamundos
que no logro coincidir contigo, espero veros a Alessandro y a ti en este día
tan
especial ¿podéis ser mi dama y padrino?
Reí;
-¿Qué
sucede?
-es
la invitación de Boda de Val, me pide que sea su dama de honor y tu su padrino.
-¿y
que le dirás?
-Qué
si, a ti no te importa ¿no?- dije nerviosa.
-estaré
encantado de acompañar a Valeria al altar y sonsacarle a Fabio como convenció
a
Valeria para que se casara con él, así seré capaz de convencerte a ti.
Nerviosa
por lo que había dicho, comí otro panecillo, como siguiera así me iba a poner
redonda,
menos mal que a Alessandro le quedaba menos para recuperarse, entonces,
estoy
segura, me pondría en forma…sonreí al pensarlo, el me miro con una sonrisa
pícara;
-¿en
qué piensas?- dijo sonriendo.
- en
que tengo que hablar con Nino.
-ya
le he preguntado yo, amor, una semana más y te hare bajar todos esos
panecillos.-
me
acerque a él, le bese los labios, a veces dudaba si era capaz de leerme el pensamiento.-bueno,
quizá no haya que esperar tanto…
Volví
a la mesa a terminar el desayuno y el correo, llegue a la última carta un sobre
normal
sin remite, dentro una nota escrita a ordenador;
ESTO
NO HA TERMINADO
TODAVIA
ESTAS EN PELIGRO
ALGUIEN
MAS QUIERE LO
QUE
TU POSEES, Y NO PARARA
HASTA
CONSEGUIRLO…
ESTA
MÁS CERCA DE LO QUE PIENSAS.
Mire
a mí alrededor esperando ver al autor de la nota, el miedo que sentí en los
peores
momentos
de mi secuestro se apoderaron de mí, mire a Alessandro que seguía leyendo el periódico.
Se percató de mi cara, sentí un nudo en el estómago, no podía respirar, la
carta cayo de mis manos…en ese momento la única cara que me vino a la mente,
fue la del hombre del despacho del notario ¿una advertencia? Alessandro recogió
la carta y la leyó, los dos teníamos el mismo presentimiento.
Fin... bueno nunca se sabe...
Luna Soler
0 comentarios:
Publicar un comentario